jueves, julio 19, 2007
miércoles, julio 18, 2007
Genocidio en Ruanda

sábado, julio 14, 2007
14 de Julio de 1789
jueves, julio 12, 2007
Neftalí Ricardo Reyes Basoalto

Abeja blanca zumbas —ebria de miel— en mi alma
y te tuerces en lentas espirales de humo.
Soy el desesperado, la palabra sin ecos,
el que lo perdió todo, y el que todo lo tuvo.
Última amarra, cruje en ti mi ansiedad última.
En mi tierra desierta eres la última rosa.
Ah silenciosa!
Cierra tus ojos profundos.
Allí aletea la noche.
Ah desnuda tu cuerpo de estatua temerosa.
Tienes ojos profundos donde la noche alea.
Frescos brazos de flor y regazo de rosa.
Se parecen tus senos a los caracoles blancos.
Ha venido a dormirse en tu vientre una mariposa de sombra.
Ah silenciosa!
He aquí la soledad de donde estás ausente.
Llueve. El viento del mar caza errantes gaviotas.
El agua anda descalza por las calles mojadas.
De aquel árbol se quejan, como enfermos, las hojas.
Abeja blanca, ausente, aún zumbas en mi alma.
Revives en el tiempo, delgada y silenciosa.
Ah silenciosa!
domingo, julio 08, 2007
Prioridades
La independencia bien entendida
José de San Martín sobre la necesidad de declarar la independencia
sábado, julio 07, 2007
Cazuza - Barão Vermelho
4 de abril de 1958viernes, julio 06, 2007
Guy de Maupassant - El Barrilito

5 de Agosto de 1850
6 de Julio de 1893
Escritor Francés
Fue a ver al notario para consultarle aquello y el notario le aconsejó que aceptase la proposición de Chicot, exigiéndole doscientos cincuenta francos mensuales, porque la finca representaba un capital de sesenta mil francos.
-Si usted vive quince años -decía el notario-, él no habrá pagado más que cuarenta y cinco mil francos.
Se estremecía de gozo la vieja ante la perspectiva de doscientos cincuenta francos mensuales; pero desconfiaba, temía cosas imprevistas, engaños ocultos, y estuvo hasta la noche haciendo distintas objeciones, no decidiéndose resolver ni abandonar el asunto. Por fin hizo preparar la escritura y volvió a su casa como si hubiera bebido cuatro jarros de cidra nueva.
Cuando Chicot fue a saber la respuesta, ella se hizo rogar mucho, repitiendo que no se decidía y, en realidad, temerosa de que no accediera el posadero a dar los doscientos cincuenta francos. Pero como él insistía mucho, ella se resolvió a manifestar sus pretensiones.
Chicot, rechazándolas, trató de convencerla de que le quedaban aún muchos años de vida. La vieja lloriqueó.
-Ni cinco años me quedan. Ya tengo setenta y tres, y la salud muy quebrantada. La otra noche creí morirme.
Pero Chicot no se dejaba pescar.
-Vamos, vamos, vieja redomada. Está usted más fuerte que la torre de la iglesia. Usted ha de llegar a ciento diez años y me enterrará, seguramente.
Perdieron todo el día en discusiones, y como la vieja no cedió, al anochecer el posadero tuvo que resignarse a ofrecer los doscientos cincuenta francos mensuales.
Al día siguiente firmaron la escritura.
Transcurrieron tres años. La vieja estaba cada vez más robusta; no pasaba el tiempo por ella, y Chicot se desesperaba; le parecía pagar aquella renta durante medio siglo; creyéndose burlado y arruinado, iba de cuando en cuando a ver a su amiga, que lo recibía maliciosamente satisfecha del engaño, y Chicot no tardaba en subir a la tartana y alejarse al trote, murmurando:
-¿No reventarás, maldita vieja!
No sabía qué hacer. Hubiera querido estrangularla. Sentía contra ella un odio feroz, implacable.
Buscó medios.
Una tarde llegó a la finca satisfecho, frotándose las manos de gusto como la primera vez que fue a proponer el negocio.
Y después de haber hablado unos minutos, dijo:
-¿Por qué no va usted a comer conmigo cuando pasa por Epreville? Se murmura. Dicen que ya no somos amigos, y esto me duele. Por el gasto no ha de quedar, ni quiero que usted se abstenga por consideraciones tontas. Cuanto más coma usted, más gusto ha de darme; y que lo sepan los que hablan.
La vieja no se lo hizo repetir, y a los tres días, yendo al mercado con su carrito y su mozo, dejó el caballo en las cuadras de la posada de Chicot y se fue luego a comer con él, siendo servida como una reina; le dieron pollo y lo mejor que había en la casa para provocar su apetito; pero comió poco, porque desde la niñez estaba educada en una sobriedad absoluta, viviendo con sopas y pan untado con un poco de manteca. Chicot insistía, descorazonado. Ella no bebió vino ni quiso tomar café.
-¿Tampoco aceptará una copita de aguardiente?
-Sí; eso sí; no sabría negarme.
Y el posadero gritó con toda la fuerza de sus pulmones:
-Rosalía, trae aguardiente del bueno, del superfino, de lo mejor.
La criada, compareciendo con una botella, sirvió dos vasos.
-Pruebe usted esto, señora -dijo Chicot- es una delicia.
La vieja bebía saboreando cada sorbo.
-Sí; es, en verdad, excelente.
No acababa de decirlo, cuando Chicot le llenaba de nuevo el vaso. Ella hizo intención de resistir, pero ya no había remedio, y lo paladeó con deleite.
Chicot quiso hacerle beber otro más, pero ella se negó. Él insistía:
-Esto es como la leche. Vea usted, yo bebo diez o doce copas, y nunca me da que sentir. Esto pasa como azúcar. Ni en el vientre, ni en la cabeza; nada: parece que se evapora en la lengua. Y no hay cosa mejor para la salud.
Como a la vieja le gustaba mucho, bebió un poco más.
Y Chicot, en un arranque de generosidad, exclamó:
-Vaya; para probar a todos que somos buenos amigos, voy a regalarle un barrilito.
La mujer se fue algo borracha. Y al día siguiente Chicot entró en el patio de la finca con su tartana, sacando luego de las bolsas un barrilito. Para demostrar que aquel aguardiente era como el del día anterior, pidió unas copitas y las llenaron tres veces.
Al despedirse, dijo:
-Ya lo sabe usted para cuando se acabe, me queda más en casa; no lo economizo. Tengo mucho gusto en obsequiarla.
Se subió a la tartana y se fue.
Volvió a los cuatro días. La vieja estaba en el umbral de la puerta cortando sopas de pan. Chicot sonrió, saludándola y acercándole con disimulo a la cara la nariz. Su propósito era saber cómo le olía la boca. Sintiendo el vaho del alcohol, se le alegró el semblante, y dijo:
-¿Quiere usted convidarme a una copita de aguardiente?
Y vaciaron dos o tres, como buenos amigos.
Pronto corrió por la comarca la noticia de que la señora Magloire abusaba del aguardiente, cayendo borracha con frecuencia, unas veces en la cocina, otras veces en el patio, y hasta en los caminos, habiendo sido necesario alguna vez llevarla a su casa, inmóvil como un cadáver.
Chicot ya no iba más a la finca, y cuando le hablaban de la señora Magloire, murmuraba con expresión de tristeza:
-¿No es una desdicha que a su edad haya tomado esas costumbres? Cuando uno es viejo, debe cuidarse. Esto acabará por darle un disgusto cualquier día.
Y así ocurrió. Al invierno siguiente murió la vieja después de las fiestas de navidad, habiendo caído borracha en la nieve.
Y al heredar la finca, Chicot exclamaba:
-Sin las borracheras, hubiera vivido lo menos diez años más
miércoles, julio 04, 2007
Astor Piazzolla
martes, julio 03, 2007
El rey lagarto
8 de Diciembre de 19433 de Julio de 1971
Poeta, cantante.
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THE CRYSTAL SHIP (BARCO DE CRISTAL)
Antes de que te duermas dentro de la inconsciencia
Me encantaría tener otro beso
Otra intermitente oportunidad de éxtasis
Otro beso, otro beso.
Los días son brillantes y llenos de dolor
Enciérrame en tu gentil lluvia
Los tiempos que tu corrías eran demasiado dementes
Nos encontraremos otra vez, nos encontraremos otra vez.
Oh dime donde tu libertad descansa,
Las calles son campos que nunca mueren,
Envíame desde razones que
Tu preferirías llorar, yo preferiría volar.
El barco de cristal esta siendo llenado
Un millar de chicas, un millar de estímulos,
Un millar de maneras para gastar tu tiempo;
Cuando nosotros regresemos, yo dejare caer un rayo.
domingo, julio 01, 2007
Franz Kafka x 2
Una pequeña fábula
"Ay", dijo el ratón, "el mundo se está haciendo más chiquito cada día. Al principio era tan grande que yo tenía miedo, corría y corría, y me alegraba cuando al fin veía paredes a lo lejos a diestra y siniestra, pero estas largas paredes se han achicado tanto que ya estoy en la última cámara, y ahí en la esquina está la trampa a la cual yo debo caer".
"Sólamente tienes que cambiar tu dirección", dijo el gato, y se lo comió.
La Partida
Ordené que trajeran mi caballo del establo. El sirviente no entendió mis órdenes. Así que fuí al establo yo mismo, le puse silla a mi caballo, y lo monté. A la distancia escuché el sonido de una trompeta, y le pregunté al sirviente qué significaba. El no sabía nada, y escuchó nada. En el portal me detuvo y preguntó: "¿A dónde va el patrón?" "No lo sé", le dije, "simplemente fuera de aquí, simplemente fuera de aquí. Fuera de aquí, nada más, es la única manera en que puedo alcanzar mi meta". "¿Así que usted conoce su meta?", preguntó. "Sí", repliqué, "te lo acabo de decir. Fuera de aquí, esa es mi meta".
sábado, junio 30, 2007
Pierre Henry Cami
Pierre-Henri Cami es uno de los grandes maestros del humor contemporáneo. Destacó como actor, periodista ilustrador, dibujante humorístico; fue muy apreciado por los surrealistas y admirado por Jacques Prévert, Roland Topor y Charles Chaplin, entre otros muchos. Maestro del calambour, dominaba los juegos de palabras y el absurdo era el verdadero protagonista de sus obras. Es el creador de un estilo humorístico surrealista que veremos después en muchos autores franceses, como Jacques Prévert, Eugène Ionesco, o Pierre Desproges.
Para muestra, dejo este cuento corto...
Historia de un joven celoso
Había una vez un joven que estaba muy celoso de una muchacha bastante voluble.
Un día le dijo:
-Tus ojos miran a todo el mundo.
Entonces, le arrancó los ojos.
Después le dijo:
-Con tus manos puedes hacer gestos de invitación.
Y le cortó las manos.
“Todavía puede hablar con otros”, pensó. Y le extirpó la lengua.
Luego, para impedirle sonreír a los eventuales admiradores, le arrancó todos los dientes.
Por último, le cortó las piernas. “De este modo -se dijo- estaré más tranquilo”.
Solamente entonces pudo dejar sin vigilancia a la joven muchacha que amaba. “Ella es fea -pensaba-, pero al menos será mía hasta la muerte”.
Un día volvió a la casa y no encontró a la muchacha: había desaparecido, raptada por un exhibidor de fenómenos
miércoles, junio 27, 2007
Charles Lutwidge Dodgson El sueño del rey

O Lewis Caroll, más conocido por su seudónimo. Afecto al láudano, dejamos este humilde relato...
-Ahora está soñando. ¿Con quién sueña? ¿Lo sabes?
-Nadie lo sabe.
-Sueña contigo. Y si dejara de soñar, ¿qué sería de ti?
-No lo sé.
-Desaparecerías. Eres una figura de su sueño. Si se despertara ese Rey te apagarías como una vela.
Relatos (Sudamericana)
sábado, junio 23, 2007
El Verdugo Arthur Koestler

Era un atareado día de ejecuciones y él despachaba cada hombre con graciosa velocidad; las cabezas rodaban en el polvo. Llegó el duodécimo hombre, empezó a subir el patíbulo y Wang Lun, con un golpe de su espada, lo decapitó con tal celeridad que la víctima continuó subiendo. Cuando llegó arriba, se dirigió airadamente al verdugo:
-¿Por qué prolongas mi agonía? -le preguntó-. ¡Habías sido tan misericordiosamente rápido con los otros!
Fue el gran momento de Wang Lun; había coronado el trabajo de toda su vida. En su rostro apareció una serena sonrisa; se volvió hacia su víctima y le dijo:
-Tenga la bondad de inclinar la cabeza, por favor
sábado, junio 16, 2007
El gesto de la muerte Jean Cocteau

-¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahan.
El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:
-Esta mañana ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?
-No fue un gesto de amenaza -le responde- sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahan esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahan.
martes, junio 12, 2007
Pierre Reverdy Cara a cara

Versiones de surrealismo (César Moro)
lunes, junio 04, 2007
Guillaume Apollinaire Renanas
Escuchad la canción lenta de un marinero
Que cuenta haber visto siete mujeres
Peinar sus cabellos verdes y largos hasta sus pies
De pie cantad más alto bailad en raudo corro
Que no se oiga mas el canto de los marineros
Y acercarme todas las mozas rubias
De mirada inmóvil y recogidas trenzas
El Rin está borracho donde se reflejan las viñas
Todo el oro nocturno y tiembla en sus aguas
La voz no cesa de cantar
A esas hadas de cabellera verde que encanta el estío
Mi vaso se ha quebrado como la brusca risa.
sábado, junio 02, 2007
Paul Éluard
EL ESPEJO DE UN MOMENTO Disipa el día,
Muestra a los hombres las imágenes desligadas de la apariencia,
Quita a los hombres la posibilidad de distraerse,
Es duro como la piedra,
La piedra informe,
La piedra del movimiento y de la vista,
Y tiene tal resplandor que todas las armaduras y todas las máscaras
quedan falseadas.
Lo que la mano ha tomado ni siquiera se digna tomar la forma
de la mano,
Lo que ha sido comprendido ya no existe,
El pájaro se ha confundido con el viento,
El cielo con su verdad,
El hombre con su realidad.
Traducción: Aldo Pellegrini
jueves, mayo 31, 2007
Walt Whitman
Walt WhitmanPoeta norteamericano
31 de Mayo de 1819
26 de Marzo de 1892
Hojas de Hierba
...................
Voces prohibidas me recorren,
voces de sexo y lujuria,
veladas voces cuyo velo aparto,
voces indecentes por mí purificadas
y transfiguradas.
No me tapo la boca con la mano,
trato con igual delicadeza
a los intestinos que a la cabeza
y el corazón,
la cópula no es para mí más grosera
que la muerte.
y cada parte, cada pizca de mí
es un milagro.
Divino soy por dentro y por fuera, y
santifico todo lo que toco o me toca,
el aroma de estas axilas es más
hermoso que una plegaria,
esta cabeza más que los templos,
las biblias y todos los credos.
martes, mayo 29, 2007
Alfonsina Storni Martignoni

Nació el 29 de Mayo de 1892.
ASPECTO
Vivo dentro de cuatro paredes matemáticas
Alineadas a metro. Me rodean apáticas
Almillas que no saben ni un ápice siquiera
De esta fiebre azulada que nutre mi quimera.
Uso una piel postiza que me la rayo en gris.
Cuervo que bajo el ala guarda una flor de lis.
Me causa cierta risa mi pico fiero y torvo
Que yo misma me creo pura farsa y estorbo.
viernes, mayo 25, 2007
Sin paraguas ni escarapelas

Extractos de "Sin paraguas ni escarapelas". Osvaldo Soriano
Gaceta oportuna

Historia Argentina. Hamilton
Historia Argentina. José María Rosa
Apostillas de 1810

.Los platos predilectos eran sopa de arroz, asado, matambre, sopa de fideos, puchero, carbonada, picadillo con pasas de uva, guisos, albóndigas, estofado y zapallitos rellenos. Además, las comidas finalizaban con un caldo que se servía en taza. ¿Las cosas dulces eran las preferidas en la época colonial? Se hacían bocadillos de papa o batata, cuajada, frutas, mazamorra y natilla.
.Levantar las copas para brindar, cambiar los cubiertos con el nuevo plato y saludarse estrechando la mano eran costumbres que se habían adoptado de los ingleses durante las invasiones
.Estaba mal visto que hombres y mujeres pasearan juntos. Debían hacerlo en grupos separados.
Historia Argentina (José María Rosa) www.educared.org.ar
miércoles, mayo 23, 2007
sábado, mayo 19, 2007
El salto

León Tolstoi.(1828-1910)
martes, mayo 15, 2007
Satanás y la libertad

Mijail Bakunin (Dios y el estado)
domingo, mayo 13, 2007
Gregory Isaacs - Yellowman Día 2


Este segundo día trajo un poco menos de público (igualmente lleno pero no sold out) nos puso al maestro Gregory Isaacs en todo su esplendor. Con un ritmo cadencioso como solo puede lograr este hombre, nos transporta a su magia a través de las canciones que interpretó junto a la banda, de muy buena calidad por cierto. Enfundado en un traje que luego fue quitándose, hasta quedar en camisa negra desabrochada y camiseta calada y su clásico sombrero blanco (tenía una traje con saco rojo, pantalón y camisa negra, además de su sombrero blanco, todo un gentelman) nos regaló reggae a borbotones. El pico mismo del evento.
Luego fue el turno del eléctrico Yellowman, con altos y bajos (mejor que aquella vez en Vélez) , no para de ir de un lado al otro del escenario, enfundado en ropa deportiva de la casa alemana, logró buena respuesta del público que mayoritariamente fue a verlo (fuimos los menos los que nos acercamos por Gregory).
sábado, mayo 12, 2007
Alpha Blondie, Skatalites - Día 1


viernes, mayo 11, 2007
miércoles, mayo 09, 2007
La corbata
La corbata dolorosa que llevas y que te adorna, oh civilizado,
quítatela si quieres respirar bien.
Perdón por el dibujo, el paint me falta dominarlo un poco más... pero quedó bastante bien.
Guillaume Apollinaire (1880-1918)
Famoso por sus poemas y caligramas, dejo un par de ejemplos mas abajo y su imagen.



lunes, mayo 07, 2007
Un Obispo en el atolladero

Donatien Alphonse Francois, Marqués de Sade (1740-1814) Cuentos. Ediciones Libertador.
domingo, mayo 06, 2007
Ante la ley

Los árboles
sábado, mayo 05, 2007
This is Motörhead, we play rock & roll
martes, mayo 01, 2007
Adquisiciones
El retrato oval

El castillo en el cual mi criado se le había ocurrido penetrar a la fuerza en vez de permitirme, malhadadamente herido como estaba, de pasar una noche al ras, era uno de esos edificios mezcla de grandeza y de melancolía que durante tanto tiempo levantaron sus altivas frentes en medio de los Apeninos, tanto en la realidad como en la imaginación de Mistress Radcliffe. Según toda apariencia, el castillo había sido recientemente abandonado, aunque temporariamente. Nos instalamos en una de las habitaciones más pequeñas y menos suntuosamente amuebladas. Estaba situada en una torre aislada del resto del edificio. Su decorado era rico, pero antiguo y sumamente deteriorado. Los muros estaban cubiertos de tapicerías y adornados con numerosos trofeos heráldicos de toda clase, y de ellos pendían un número verdaderamente prodigioso de pinturas modernas, ricas de estilo, encerradas en sendos marcos dorados, de gusto arabesco. Me produjeron profundo interés, y quizá mi incipiente delirio fue la causa, aquellos cuadros colgados no solamente en las paredes principales, sino también en una porción de rincones que la arquitectura caprichosa del castillo hacía inevitable; hice a Pedro cerrar los pesados postigos del salón, pues ya era hora avanzada, encender un gran candelabro de muchos brazos colocado al lado de mi cabecera, y abrir completamente las cortinas de negro terciopelo, guarnecidas de festones, que rodeaban el lecho. Quíselo así para poder, al menos, si no reconciliaba el sueño, distraerme alternativamente entre la contemplación de estas pinturas y la lectura de un pequeño volumen que había encontrado sobre la almohada, en que se criticaban y analizaban.
Leí largo tiempo; contemplé las pinturas religiosas devotamente; las horas huyeron, rápidas y silenciosas, y llegó la media noche. La posición del candelabro me molestaba, y extendiendo la mano con dificultad para no turbar el sueño de mi criado, lo coloqué de modo que arrojase la luz de lleno sobre el libro.
Pero este movimiento produjo un efecto completamente inesperado. La luz de sus numerosas bujías dio de pleno en un nicho del salón que una de las columnas del lecho había hasta entonces cubierto con una sombra profunda. Vi envuelto en viva luz un cuadro que hasta entonces no advirtiera. Era el retrato de una joven ya formada, casi mujer. Lo contemplé rápidamente y cerré los ojos. ¿Por qué? No me lo expliqué al principio; pero, en tanto que mis ojos permanecieron cerrados, analicé rápidamente el motivo que me los hacía cerrar. Era un movimiento involuntario para ganar tiempo y recapacitar, para asegurarme de que mi vista no me había engañado, para calmar y preparar mi espíritu a una contemplación más fría y más serena. Al cabo de algunos momentos, miré de nuevo el lienzo fijamente.
No era posible dudar, aun cuando lo hubiese querido; porque el primer rayo de luz al caer sobre el lienzo, había desvanecido el estupor delirante de que mis sentidos se hallaban poseídos, haciéndome volver repentinamente a la realidad de la vida.
El cuadro representaba, como ya he dicho, a una joven. se trataba sencillamente de un retrato de medio cuerpo, todo en este estilo que se llama, en lenguaje técnico, estilo de viñeta; había en él mucho de la manera de pintar de Sully en sus cabezas favoritas. Los brazos, el seno y las puntas de sus radiantes cabellos, pendíanse en la sombra vaga, pero profunda, que servía de fondo a la imagen. El marco era oval, magníficamente dorado, y de un bello estilo morisco. Tal vez no fuese ni la ejecución de la obra, ni la excepcional belleza de su fisonomía lo que me impresionó tan repentina y profundamente. No podía creer que mi imaginación, al salir de su delirio, hubiese tomado la cabeza por la de una persona viva. Empero, los detalles del dibujo, el estilo de viñeta y el aspecto del marco, no me permitieron dudar ni un solo instante. Abismado en estas reflexiones, permanecí una hora entera con los ojos fijos en el retrato. Aquella inexplicable expresión de realidad y vida que al principio me hiciera estremecer, acabó por subyugarme. Lleno de terror y respeto, volví el candelabro a su primera posición, y habiendo así apartado de mi vista la causa de mi profunda agitación, me apoderé ansiosamente del volumen que contenía la historia y descripción de los cuadros. Busqué inmediatamente el número correspondiente al que marcaba el retrato oval, y leí la extraña y singular historia siguiente:
"Era una joven de peregrina belleza, tan graciosa como amable, que en mal hora amó al pintor y se desposó con él. Él tenía un carácter apasionado, estudioso y austero, y había puesto en el arte sus amores; ella, joven, de rarísima belleza, toda luz y sonrisas, con la alegría de un cervatillo, amándolo todo, no odiando más que el arte, que era su rival, no temiendo más que la paleta, los pinceles y demás instrumentos importunos que le arrebataban el amor de su adorado. Terrible impresión causó a la dama oír al pintor hablar del deseo de retratarla. Mas era humilde y sumisa, y sentóse pacientemente, durante largas semanas, en la sombría y alta habitación de la torre, donde la luz se filtraba sobre el pálido lienzo solamente por el cielo raso. El artista cifraba su gloria en su obra, que avanzaba de hora en hora, de día en día. Y era un hombre vehemente, extraño, pensativo y que se perdía en mil ensueños; tanto que no veía que la luz que penetraba tan lúgubremente en esta torre aislada secaba la salud y los encantos de su mujer, que se consumía para todos excepto para él. Ella, no obstante, sonreía más y más, porque veía que el pintor, que disfrutaba de gran fama, experimentaba un vivo y ardiente placer en su tarea, y trabajaba noche y día para trasladar al lienzo la imagen de la que tanto amaba, la cual de día en día tornábase más débil y desanimada. Y, en verdad, los que contemplaban el retrato, comentaban en voz baja su semejanza maravillosa, prueba palpable del genio del pintor, y del profundo amor que su modelo le inspiraba. Pero, al fin, cuando el trabajo tocaba a su término, no se permitió a nadie entrar en la torre; porque el pintor había llegado a enloquecer por el ardor con que tomaba su trabajo, y levantaba los ojos rara vez del lienzo, ni aun para mirar el rostro de su esposa. Y no podía ver que los colores que extendía sobre el lienzo borrábanse de las mejillas de la que tenía sentada a su lado. Y cuando muchas semanas hubieron transcurrido, y no restaba por hacer más que una cosa muy pequeña, sólo dar un toque sobre la boca y otro sobre los ojos, el alma de la dama palpitó aún, como la llama de una lámpara que está próxima a extinguirse. Y entonces el pintor dio los toques, y durante un instante quedó en éxtasis ante el trabajo que había ejecutado. Pero un minuto después, estremeciéndose, palideció intensamente herido por el terror, y gritó con voz terrible: "¡En verdad, esta es la vida misma!" Se volvió bruscamente para mirar a su bien amada: ¡Estaba muerta!"
Retrato: http://rincondelpoeta.webcindario.com



















