Mostrando las entradas con la etiqueta Kafka. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Kafka. Mostrar todas las entradas

lunes, noviembre 10, 2008

Un artista del hambre

Un día, un inspector reparó en la jaula y preguntó a los mozos por qué no aprovechaban aquella jaula tan buena en que únicamente había un podrido montón de paja. Nadie lo sabía hasta que por último, uno, al ver la tablilla del número de días se acordó del ayunador. Revolvieron con horcas la paja, y en medio de ella encontraron al ayunador. - ¿Estás ayunando aún? - le inquirió el inspector -. ¿Cuando vas a terminar de una vez? - Perdonadme todos -musitó el ayunador, pero solamente le entendió el inspector, que tenía el oído muy cerca de la reja. - Por supuesto -contestó el inspector, poniéndose el índice en la sien, para indicar así al personal el estado mental del ayunador-, todos le disculpamos. - Toda mi vida deseé que admirarais mi resistencia al hambre -dijo el artista del hambre. - Y la admiramos -repúsole el inspector. - Pero no tendrías por qué hacerlo - dijo el ayunador. - Bien, de acuerdo, no lo admiraremos -repuso el inspector-; pero ¿por qué no hemos de hacerlo? - Porque me es imprescindible ayunar, no puedo evitarlo -dijo el ayunador. - Eso es evidente -dijo el inspector-, pero ¿por qué no puedes evitarlo? - Porque -dijo el artista del hambre, alzando un tanto la cabeza y hablando en la misma oreja del inspector para que no dejaran de oírse sus palabras, con los labios alargados como si fuera a dar un beso-, porque nunca encontré comida que me agradara. De lo contrario, créeme, no habría hecho ningún cumplido y me habría hartado como tú y los demás.

jueves, septiembre 11, 2008

Los cuervos


"Los cuervos afirman que un sólo cuervo podría destruir los cielos. Indudablemente, es así, pero el hecho no prueba nada contra los cielos, porque los cielos no significan otra cosa que la imposibilidad de cuervos."


Franz Kafka

lunes, octubre 01, 2007

Conversación con el Borracho



Cuando a cortos pasos salí de la puerta de calle fui tomado de sorpresa por el cielo con luna y estrellas y gran bóveda y por la plaza de armas con ayuntamiento, imagen de María e iglesia.Salí tranquilamente de la sombra hacia la luz de la luna, me desabotoné el sobretodo y me calenté; luego, levantando las manos, hice callar el ruido de la noche y comencé a reflexionar:—Pero qué es eso, hacéis como si existierais realmente. ¿Queréis hacerme creer que yo soy irreal, parado aquí cómicamente sobre el pavimento verde? Pero, con todo, hace ya mucho tiempo que eras real, ¡oh cielo!—, y tú, !plaza de armas, nunca has sido real.—Es cierto, seguís siendo superiores a mi; pero sólo cuando los dejo en paz."—A Dios gracias, luna, ya no eres luna; pero quizá es descuido de mi parte que a ti, la llamada luna, te siga llamando luna. Por qué ya no eres tan soberbia si te llamo "olvidado farol de papel con un color raro". Y por qué te retiras casi del todo si te llamo 'imagen de María', y ya no reconozco tu actitud amenazadora, imagen de María, si te llamo 'luna que proyecta luz amarilla'.""Pero parece real que no os hace bien si se reflexiona sobre vosotros; perdéis valor y salud"."Oh Dios, ¡qué ventajoso tiene que ser que el que reflexiona aprenda del borracho!""Por qué se ha quedado todo quieto. Creo que ya no hay viento. Y las casitas, que frecuentemente ruedan sobre la plaza como si estuvieran montadas sobre pequeñas ruedas, se han quedado bien fijas. Quieto... Quieto... No se ve la línea delgada, negra, que otrora las separaba del suelo".Y me puse en movimiento. Y caminé sin obstáculo tres veces alrededor de la gran plaza, y como no encontré a ningún borracho, caminé, sin disminuir la velocidad y sin sentir cansancio, hacia la calleja Karl. Mi sombra se movía, con frecuencia más pequeña que yo, juntó a mi sobre la pared, como si estuviera en un desfiladero entre el muro y el fondo de la calle.Cuando pasé delante del edificio de los bomberos oí un ruido que venía de la pequeña plaza de armas, y cuando doblé por ahí vi a un borracho que estaba parado junto a la reja de la fuente: tenía los brazos levantados horizontalmente y golpeaba la tierra con los pies, que estaban calzados con pantuflas de madera.Primero me quedé parado, para hacer que mi respiración se tranquilizara; después fui hacia él, me quité la galera de la cabeza y me presenté:"Buenas noches, delicado caballero, tengo veintitrés años, pero todavía no tengo nombre. Pero usted viene seguramente con un nombre asombroso y hasta cantable de esta gran ciudad que es París. El olor totalmente antinatural de la resbaladiza corte de París lo envuelve a usted"."Usted ha visto seguramente con sus ojos coloreados a esas grandes damas que ya están sobre las elevadas y luminosas terrazas, dándose vuelta irónicamente sobre su delgado talle, mientras que la punta de la pintada cola de su vestido, extendida también sobre la escalera, permanece todavía sobre la arena del jardín.""No es cierto; sobre largas vigas, repartidos por todas partes suben sirvientes vestidos de fraques grises de atrevido corte y pantalones blancos, las piernas puestas alrededor de las vigas, pero el tronco a menudo echado hacia atrás y al costado; pues tienen que levantar con cuerdas gigantescos lienzos grises y tenderlos en lo alto, porque la gran dama desea una mañana nublada". Como él eructó, dije yo casi espantado: "¿Realmente, es cierto, viene usted de nuestro París, del tempestuoso Paris, ay, de esta entusiasta granizada?" Cuando él volvió a eructar dije confundido: "Lo sé, es para mí un gran honor". Y me abotoné el sobretodo con rápidos dedos; luego hablé con fervor y timidez:"Ya sé, usted no me considera digno de una respuesta; pero yo habría tenido que pasar una vida lamentable si no lo hubiera interrogado hoy día.""Le ruego, elegante señor, es cierto lo que se me ha contado. ¿Hay en París gente que sólo consta de trajes adornados, y hay allí casas que meramente tienen portales, y es cierto que en los días de verano el cielo es fugitivamente azul, embellecido sólo por comprimidas nubecillas blancas, todas las cuales tienen la forma de corazones? ¿Y hay allí un gabinete de figuras de cera con gran concurrencia, en el cual se encuentran sólo árboles con los nombres de los más famosos héroes, criminales y enamorados, en pequeños letreros que cuelgan?""¡Y luego esta noticia! ¡Esta noticia manifiestamente falsa!""No es cierto: estas calles de París se han ramificado súbitamente; están intranquilas, ¿no es cierto? No siempre está todo en orden, ¡cómo iba a ser posible! Ocurre de pronto un accidente; la gente se junta, procedente de las calles laterales, con el paso propio de las grandes ciudades, que sólo toca un poco el pavimento; a causa de la decepción todos sienten curiosidad, pero también miedo; respiran rápido y adelantan sus pequeñas cabezas. Pero cuando se tocan entre sí, se inclinan mucho y piden perdón: 'Lo siento... Fue sin intención ... El tumulto es grande, perdone, se lo ruego... Fue muy torpe de mi parte... Lo reconozco. Mi nombre es... Mi nombre es Jerome Faroche, vendedor de especias en la calle du Cabotin... Permítame que lo invite mañana, para almorzar... También mi mujer va a tener un gran gusto... Así hablan, mientras la calleja está ensordecida y el humo de las chimeneas cae entre las casas. Así es. Y sería posible que alguna vez en algún animado bulevar de algún barrio, aristocrático se detuvieran dos coches. Servidores abren seriamente las puertas. Ocho nobles perros siberianos de montaña bajan bailoteando y corren ladrando y dando saltos por la calzada. Y entonces se dice que son elegantes jóvenes parisienses disfrazados."Tenía los ojos firmemente cerrados. Cuando me callé, se puso las dos manos en la boca y se tiró de la mandíbula inferior. Su traje estaba totalmente manchado. Quizá se lo había expulsado de un bodegón y no se daba cuenta todavía de ello.Era quizá esta pausa pequeña, muy tranquila, que hay entre el día y la noche; cuando la cabeza, sin que lo esperemos, cuelga, de la nuca; y cuando todo, sin que lo notemos, se queda quieto porque no lo observamos, y luego desaparece. Mientras nos quedamos solos con el cuerpo doblado nos damos vuelta después; pero ya no vemos nada y ya no sentimos ninguna resistencia del aire; pero interiormente nos aferramos al recuerdo de que a cierta distancia de nosotros hay casas con techos y, a Dios gracias, chimeneas angulosas a través de las cuales la oscuridad penetra en las casas, por la buhardilla hacia las más distintas habitaciones. Y es una suerte que mañana vaya a ser un día en el cual, por increíble que sea, se podrá ver todo.En ese momento el borracho levantó las cejas, de tal manera que entre ellas y los ojos surgió un brillo, y explicó intermitentemente: "Así es, en efecto ... Estoy en efecto con sueño, por eso voy a dormir.. . Tengo en efecto un cuñado en la plaza Wenzel... Voy hacia allí, pues allí vivo, pues allí tengo mi cama... Ahora voy... Sólo que, en efecto, no sé cómo se llama ni dónde vive ... Me parece que lo he olvidado... Pero no importa, porque ni siquiera sé si tengo realmente un cuñado... Ahora voy, en efecto... ¿Cree usted que lo voy a encontrar?Repliqué sin pensar: "Eso es seguro.Pero usted viene del extranjero y su servidumbre no ha de estar en su casa. Permítame que lo lleve."No contestó... Entonces le alcancé mi brazo para que se colgara de él.


Franz Kafka

domingo, julio 01, 2007

Franz Kafka x 2

Una pequeña fábula

"Ay", dijo el ratón, "el mundo se está haciendo más chiquito cada día. Al principio era tan grande que yo tenía miedo, corría y corría, y me alegraba cuando al fin veía paredes a lo lejos a diestra y siniestra, pero estas largas paredes se han achicado tanto que ya estoy en la última cámara, y ahí en la esquina está la trampa a la cual yo debo caer".

"Sólamente tienes que cambiar tu dirección", dijo el gato, y se lo comió.


La Partida

Ordené que trajeran mi caballo del establo. El sirviente no entendió mis órdenes. Así que fuí al establo yo mismo, le puse silla a mi caballo, y lo monté. A la distancia escuché el sonido de una trompeta, y le pregunté al sirviente qué significaba. El no sabía nada, y escuchó nada. En el portal me detuvo y preguntó: "¿A dónde va el patrón?" "No lo sé", le dije, "simplemente fuera de aquí, simplemente fuera de aquí. Fuera de aquí, nada más, es la única manera en que puedo alcanzar mi meta". "¿Así que usted conoce su meta?", preguntó. "Sí", repliqué, "te lo acabo de decir. Fuera de aquí, esa es mi meta".


domingo, mayo 06, 2007

Ante la ley


Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta al guardián y le pide que le deje entrar. Pero el guardián contesta que de momento no puede dejarlo pasar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde se lo permitirá. - Es posible - contesta el guardián -, pero ahora no.
La puerta de la ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el campesino se inclina para atisbar el interior. El guardián lo ve, se ríe y le dice:
- Si tantas ganas tienes - intenta entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón hay otros tantos guardianes, cada uno más poderoso que el anterior. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo soportar su vista.
El campesino no había imaginado tales dificultades; pero el imponente aspecto del guardián, con su pelliza, su nariz grande y aguileña, su larga bárba de tártaro, rala y negra, le convencen de que es mejor que espere. El guardián le da un banquito y le permite sentarse a un lado de la puerta. Allí espera días y años. Intenta entrar un sinfín de veces y suplica sin cesar al guardián. Con frecuencia, el guardián mantiene con él breves conversaciones, le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y al final siempre le dice que no todavía no puede dejarlo entrar. El campesino, que ha llevado consigo muchas cosas para el viaje, lo ofrece todo, aun lo más valioso, para sobornar al guardián. Éste acepta los obsequios, pero le dice:
- Lo acepto para que no pienses que has omitido algún esfuerzo.
Durante largos años, el hombre observa casi continuamente al guardián: se olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que lo separa de la ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años abiertamente y en voz alta; más tarde, a medida que envejece, sólo entre murmullos. Se vuelve como un niño, y como en su larga contemplación del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, ruega a las pulgas que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente su vista se debilita, y ya no sabe si realmente hay menos luz o si sólo le engañan sus ojos. Pero en medio de la oscuridad distingue un resplandor, que brota inextinguible de la puerta de la ley. Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora no ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque, ya que el rigor de la muerte endurece su cuerpo. El guardián tiene que agacharse mucho para hablar con él, porque la diferencia de estatura entre ambos ha aumentado con el tiempo.
- ¿Qué quieres ahora - pregunta el guardián -. Eres insaciable.
- Todos se esfuerzan por llegar a la ley - dice el hombre -; ¿cómo se explica, pues, que durante tantos años sólo yo intentara entrar?
El guardián comprende que el hombre va a morir y, para asegurarse de que oye sus palabras, le dice al oído con voz atronadora:
- Nadie podía intentarlo, porque esta puerta estaba reservada solamente para ti. Ahora voy a cerrarla.
Franz Kafka (Un médico de campo, 1919)

Los árboles


Porque somos como troncos de árboles en la nieve; en apariencia, están puestos lisos sobre ella, y con un pequeño empujón uno debería hacerlos correr. No; no es posible, porque están fuertemente unidos al suelo. Pero mira... esto es, inclusive, sólo aparente.

Franz Kafka (Contemplación, 1913)

miércoles, julio 19, 2006

Responsabilidad


"Cargando con una responsabilidad demasiado grande, o mejor, con una responsabilidad cualquiera, terminas por aplastarte.
Si se te carga con todas las responsabilidades, puedes aprovechar el momento y dejarte aplastar por su peso; pero si intentas en cambio soportarlo, verás que no cargas nada, que tú mismo eres esas responsabilidades."
Franz Kafka (Consideraciones acerca del pecado-Cuadernos en Octava, cuarto cuanderno)

miércoles, julio 05, 2006

¡No bromees!


Era una mañana temprano, las calles estaban limpias y vacías, yo iba caminando rumbo a la estación.
Cuando comparé mi reloj con el de una torre, me di cuenta de que era ya mucho mas tarde de lo que había creído; tenía que darme mucha prisa; el susto que me produjo mi descubrimiento me hizo sentir inseguro sobre el camino a tomar; no conocía muy bien esa ciudad; felizmente, había cerca un policía; corrí hacia él, y, casi sin aliento ya, le pregunté por el camino; el policía sonrió y me dijo:
-¿Y quieres que yo te enseñe el camino?
-Sí-dije-, ya que solo no puedo dar con él.
-¡Vamos, hombre!¡No bromees, vamos!-dijo él, y se dio vuelta con el ímpetu de quien no quiere dejar ver su risa.

Franz Kafka, ¡No bromees! Relatos Póstumos