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jueves, marzo 12, 2009

Una noche de verano Ambrose Bierce


El hecho de que Henry Armstrong estuviera enterrado no era un motivo suficientemente convincente como para demostrarle que estaba muerto: siempre había sido un hombre difícil de persuadir. El testimonio de sus sentidos le obligaba a admitir que estaba realmente enterrado. Su posición - tendido boca arriba con las manos cruzadas sobre su estómago y atadas que rompió fácilmente sin que se alterase la situación -, el estricto confinamiento de toda su persona, la negra oscuridad y el profundo silencio, constituían una evidencia imposible de contradecir y Armstrong lo aceptó sin perderse en cavilaciones.
Pero, muerto... no. Sólo estaba enfermo, muy enfermo, aunque, con la apatía del inválido, no se preocupó demasiado por la extraña suerte que le había correspondido. No era un filósofo, sino simplemente una persona vulgar, dotada en aquel momento de una patológica indiferencia; el órgano que le había dado ocasión de inquietarse estaba ahora aletargado. De modo que sin ninguna aprensión por lo que se refiriera a su futuro inmediato, se quedó dormido y todo fue paz para Henry Armstrong.
Pero algo todavía se movía en la superficie. Era aquella una oscura noche de verano, rasgada por frecuentes relámpagos que iluminaban unas nubes, las cuales avanzaban por el este preñadas de tormenta. Aquellos breves y relampagueantes fulgores proyectaban una fantasmal claridad sobre los monumentos y lápidas del camposanto. No era una noche propicia para que una persona normal anduviera vagabundeando alrededor de un cementerio, de modo que los tres hombres que estaban allí, cavando en la tumba de Henry Armstrong, se sentían razonablemente seguros.
Dos de ellos eran jóvenes estudiantes de una Facultad de Medicina que se hallaba a unas millas de distancia; el tercero era un gigantesco negro llamado Jess. Desde hacía muchos años Jess estaba empleado en el cementerio en calidad de sepulturero, y su chanza favorita era la de que "conocía todas las ánimas del lugar". Por la naturaleza de lo que ahora estaba haciendo, podía inferirse que el lugar no estaba tan poblado como su libro de registro podía hacer suponer.
Al otro lado del muro, apartados de la carretera, podían verse un caballo y un carruaje ligero, esperando.
El trabajo de excavación no resultaba difícil; la tierra con la cual había sido rellenada la tumba unas horas antes ofrecía poca resistencia, y no tardó en quedarse amontonada a uno de los lados de la fosa. El levantar la tapadera del ataúd requirió más esfuerzo, pero Jess era práctico en la tarea y terminó por colocar cuidadosamente la tapadera sobre el montón de tierra, dejando al descubierto el cadáver, ataviado con pantalones negros y camisa blanca.
En aquel preciso instante, un relámpago zigzagueó en el aire, desgarrando la oscuridad, y casi inmediatamente estalló un fragoroso trueno. Arrancado de su sueño, Henry Armstrong incorporó tranquilamente la mitad superior de su cuerpo hasta quedar sentado.
Profiriendo gritos inarticulados, los hombres huyeron, poseídos por el terror, cada uno de ellos en una dirección distinta. Dos de los fugitivos no hubieran regresado por nada del mundo. Pero Jess estaba hecho de otra pasta.
Con las primeras luces del amanecer, los dos estudiantes, pálidos de ansiedad y con el terror de su aventura latiendo aún tumultuosamente en su sangre, llegaron a la Facultad.
-¿Lo has visto? - exclamó uno de ellos.
-¡Dios! Sí... ¿Qué vamos a hacer?
Se encaminaron a la parte de atrás del edificio, donde vieron un carruaje ligero con un caballo uncido y atado por el ronzar a una verja, cerca de la sala de disección. Maquinalmente, los dos jóvenes entraron en la sala. Sentado en un banco, a oscuras, vieron al negro Jess. El negro se puso de pie, sonriendo, todo ojos y dientes.
-Estoy esperando mi paga - dijo.
Desnudo sobre una larga mesa, yacía el cadáver de Henry Armstrong. Tenía la cabeza manchada de sangre y arcilla por haber recibido un golpe de azada

miércoles, septiembre 05, 2007

Ambroise Bierce Fábulas fantásticas


Compensación

Dos Mujeres en el paraíso reclamaban a un Hombre que acababa de llegar.
-Yo fui su esposa -dijo una.
-Yo su amante -señaló la otra.
San Pedro le dijo al hombre:
-Baja al Otro Lugar... Ya has sufrido bastante.


Un paralelo radical

Unos Cristianos Blancos empeñados en expulsar a los Paganos Chinos de una ciudad americana, encontraron un periódico publicado en Pekín en idioma chino, y obligaron a una de sus víctimas a traducir un editorial. Resultó ser un llamado al pueblo de la provincia de Pang Ki, a expulsar a los demonios extranjeros del país, y quemar sus casas e iglesias. Esta evidencia de la barbarie mongólica encolerizó tanto a los Cristianos Blancos, que llevaron a la práctica su proyecto original


Un Imbécil atroz

Dijo un Juez a un Asesino Convicto: "Acusado, ¿tiene usted algo que decir por lo cual no se le debe dictar sentencia de muerte?".

"¿Aquello que yo diga podrá establecer alguna diferencia?" preguntó el Asesino Convicto.

"No veo como podría hacerlo", contestó el Juez, luego de reflexionar. "No, no lo hará".

"Entonces", dijo el condenado, "debo tan solo recalcar que es usted el más atroz viejo imbécil que existe en Siete Estados y el Distrito de Columbia".


El ladrón penitente

Un Muchacho a quién su Madre le enseñó a robar se transformó y fue funcionario profesional público. Un día lo encontraron con las manos en la masa y lo condenaron a morir. Al ir hacia su ejecución pasó al lado de su Madre y le dijo:

"¡Contempla tu obra! Si no me hubieras enseñado a robar no hubiera llegado a esto". "¡Caramba!" Dijo la Madre. "¿Y quién te enseñó a ser apresado?".


Continuará...

domingo, enero 07, 2007

Letra V


Valla, s: En el arte militar, basura instalada frente de un fuerte para impedir que la basura de afuera moleste a la basura de adentro.
Vanidad, s: Tributo que rinde un tonto la virtud del asno mas próximo.
Venganza, s: Roca natural sobre la que se levanta el Templo de la Ley.
Veraz, adj: Tonto e iletrado.
Virtudes, s pl: Ciertas inhibiciones.
Voto. s: Herramienta y símbolo de la facultad del hombre libre de hacer de si mismo un tonto y de su país una ruina.

Ambrose Bierce, Diccionario del Diablo.

sábado, agosto 05, 2006

P... primera parte


"Paciencia, s. Forma menor de desesperación, disimulada de virtud.
Pagano, s. Ser extraviado que cae en la locura de adorar lo que puede ver y sentir.
Palacio, s. Residencia bella y costosa, particularmente la de un gran funcionario. La residencia de un alto dignatario de la Iglesia se llama palacio; la del fundador de su religión se llama pajar o pesebre. El progreso existe
Pandemonium, s. Literalmente, Lugar de Todos los Demonios. La mayoría de ellos han ido a guarecerse en la política y las finanzas, y el lugar se usa ahora como salón de conferencias del Reformador Vocinglero. Cuando son molestados por su voz, los antiguos ecos solicitan apropiadas respuestas que halagan mucho su orgullo.
Pantomima, s. Representación teatral en que se narra una historia sin hacer intimidación al lenguaje. Es la forma menos desagradable de acción dramática.
Pasaporte, s. Documento que traidoramente condena a un ciudadano que sale de su país, descubriéndolo como extranjero y exponiéndolo al ultraje y la reprobación.
Pasatiempo, s. Artificio que promueve el aburrimiento. Ejercicio moderado de la debilidad intelectual."

Ambrose Bierce (Diccionario del Diablo)

miércoles, junio 28, 2006

Q


Quiromancia, s. Método número 947 (según la clasificación de Mibleshaw) de obtener dinero con engaños. Consiste en "leer el carácter" en las líneas de las manos. El carácter puede realmente leerse de este modo, ya que cada mano exhibida al quiromántico lleva escrita en sus líneas la palabra "tonto". El engaño consiste en no decirlo en voz alta.
Quórum, s. En una junta de deliberación, número de miembros suficientes para hacer su voluntad. En el Senado norteamericano, se forma quórum con el presidente de la Comisión de Finanzas y un mensajero de la Casa Blanca; en la Cámara de Representantes, bastan el presidente del cuerpo y el demonio.
Ambrose Bierce, Diccionario del Diablo.

lunes, junio 26, 2006

Letra E

En una satánica mueca del destino, he designado a la letra E como primera muestra del diccionario...

"Economía, s. Compra del barril de whisky que no se necesita por el precio de la vaca que no se tiene.
Ecuanimidad , s. Encontrarse dispuestos a sufrir injurias con humilde compostura , al mismo tiempo en que un plan para vengarse comienza a madurar.
Egosísta, s. Son todas aquellas personas que tienen muy mal gusto, porque se interesan mas por sí mismos que por mí.
Elector, s. Es la persona que goza de la prerrogativa de votar por un candidato que eligieron otros.
Esotérico, adj. Particularmente recóndito y consumadamente oculto. Las antiguas filosofías eran de dos clases a saber: "exotéricas", aquellas que los propios filósofos podían entender en parte, y "esotéricas", o sea, las que nadie puede comprender. Estas últimas son las que mas profundamente han afectado el pensamiento moderno y las que mayor aceptación han tenido en nuestro tiempo.
Erudición, s. Polvillo que cae de un libro a un cráneo vacío.
Éxito, s. El único pecado inaceptable por nuestros semejantes.
Extremidad, s. Rama de un árbol o pierna de una mujer norteamericana. "


Ambrose Bierce, escritor norteamericano, 1842-1914 (Diccionario del diablo. 1881-1906)